Seria fantàstic que estigués equivocat
01/12/2007
Seria fantàstic que estigués equivocat: l'enverinament de la democracia
Hace tiempo que se nota un cierto desafecto por la política y los políticos. Y trato de encontrar una explicación. Creo que la cuestión tiene un fuerte calado, ya que nuestro sistema de participación en las decisiones de la sociedad se encuentra fuertemente violado. El porqué posiblemente se encuentra por las presiones que los protagonistas del capitalismo ejecutan. Hablando de manera llana, el ejemplo lo tenemos en ayuntamientos donde el soborno se ha vuelto el proceso de gestión más habitual como también la financiación de los partidos políticos. Los medios lo han difundido a saciedad.
Pero la cuestión es que hay detrás de todo ello y quien saca provecho?. Se da por sentado que hacer dinero es el objetivo prioritario en el capitalismo, y hoy en dia cualquier medio es válido. En este envenenamiento de la democracia hay dos proposiciones, pócimas si se quiere, que centran el juego: ¿Que precio cuesta incumplir una ley? Caso que se da en agentes de escasa influencia. En cambio, aquellos de fuerte influencia y con expectativas de grandes beneficios, utilizan la legalidad o a-legalidad para modificar una norma. Lo primero es más detectable y por lo tanto con más probabilidades de ser denunciado. Habitualmente es juego de pocos. En cambio, lo segundo se encuentra dentro del mismo núcleo de la democracia, ya que la modificación suele ser aprobada dentro los cánones participativos. Normalmente es juego de muchos o hay mucho en juego. Es obvio, dentro nuestro sistema de valores, que el capital desee aumentar la rentabilidad. Pero, lo que no es tan comprensible es que el político entre en este juego fraudulento. El político con representación sólo tiene autoridad por el voto. Es decir, el político no puede ni debe vulnerar los principios que él ha defendido y por los cuales el ciudadano le ha votado. En caso de participar en el envenenamiento debe de renunciar, porque no es digno de la confianza que se le ha otorgado.
Todo ello nos conlleva adentrarnos a otra dimensión mucho más complicada porque afecta el mencionado núcleo del sistema. Hoy en día nos encontramos en una sociedad, donde las relaciones entre política, políticos y ciudadanos se desarrolla básicamente a través de los medios de comunicación. Y los ciudadanos deben estar al corriente, cosa difícil en una sociedad tensada como la nuestra. Además la información difundida por los medios depende en gran medida según su ideario. En una sociedad de capitalismo avanzado es frecuente que el ideario esté marcado por aquel que financia el medio. En consecuencia toda información política está mediatizada por los intereses en juego. Esta situación, sin duda, influye en la opinión pública, la cual es fácilmente manipulable, porqué habitualmente desconoce el funcionamiento interno de los partidos políticos, los agentes económicos, los medios, a la vez, el juego de réditos y las implicaciones entre ellos. Es decir, se desarrolla un mercado de intercambio de reciprocidades donde todos los que están en el juego aspiran salir beneficiados. Y este mecanismo complejo de botones y enchufes en la democracia de masas no es tan aparente. Difícil de detectar a simple vista.
Sin embargo una de las explicaciones de esta tragedia descocada es el funcionamiento interno de los partidos. Los partidos son organizaciones que sobreviven de la misma manera que lo hacen las empresas. Las empresas para vivir deben de convencer y vender lo que producen. Los beneficios son la recompensa por la lucha diaria. Para alcanzarlos en un mercado competitivo estan obligados a ofertar productos muy atractivos que sean conocidos mediante la publicidad. Y sin duda de unos vendedores agresivos, de unos ejecutivos inhumanos y de unos trabajadores sumisos. Algunas veces no tienen más remedio que unirse para mantener los beneficios. Los partidos políticos manejan los mismos criterios que las empresas. Pero con mucha más dureza interna porque no dependen de manera directa del mercado, las empresas si, y las luchas internas se limitan en términos económicos. En los partidos no es así. La lucha para y por el poder no tiene límite. Aquellos que consiguen hacerse con la ejecutiva de un partido, primero deben de persuadir a consejos y afiliados. Es batalla dura que suele acabar con víctimas. Aquel o aquellos que han tenido mayor resistencia psíquica obtienen el poder de la organización. O sea que la pueden utilizar. El objetivo último, por supuesto, es lograr el mayor número de votos y ganar las elecciones. El dispositivo para adquirir el éxito es el mismo que las empresas: vender un producto, en este caso un programa. Es necesario un equipo de buenos vendedores y publicitarios, especialistas en mercados de voto y en medios de difusión intensa. No cabe duda que los protagonistas tienen ambición personal, habitualmente es el que más les sobra, y unas dosis de egocentrismo. Y desean sacar partido o tajada de este sistema que funciona para ellos. Como dice el beduí metropolità son las carpas que devoran a los batracios pero a estos últimos les salva el número.
Seria fantàstic que estigués equivocat